Es común que se considere a la información como una mercancía ya que
su distribución puede traer muchos beneficios (especialmente, monetarios). Por
esto, se suele distribuir solamente la información que, se espera, llamará la
atención del público y no la totalidad de la misma (de hecho, es común que se
omitan grandes cantidades de información).
Hay quienes argumentan que el acceso
a la totalidad de la información debería ser un derecho gratuito universal,
pidiendo que se la distribuya para todo el mundo. Sin embargo, estas personas
son frecuentemente ignoradas.
Este hecho tiene, por supuesto, dos
formas de verse:
- La que lo critica, que se basa en que la información es procesada por gente con un muy alto poder e intereses políticos y económicos, lo que impide que se den datos que puedan hacerlos quedar a mal a ellos, a sus allegados o a cualquier otra persona poderosa de la forma que sea.
- La que lo apoya, que se basa en la protección de los derechos de autor, que restringen el uso que puede dársele a la información a lo que quien la haya obtenido permita. Quienes siguen esta postura creen que quien obtiene un conjunto de información es legítimamente su dueño, por lo que no aceptar sus condiciones sería robarle los datos que posea (lo que sería incorrecto).
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